lunes, 16 de febrero de 2015

Cambio de nombre

En adelante este blog cambia de título y abandona la reivindicación explícita que contenía.

En la primera entrada, la que daba la bienvenida a los que tuvieran la amabilidad de leer lo que escribo y expresaba mi intención de no ser demasiado pesimista,  también manifesté que al crearlo sólo deseaba saber cómo funcionaba.

En realidad, me expresé mal, porque lo que yo quería en aquel momento era conocer el proceso exacto de su creación, para poder después poner en funcionamiento uno que ni siquiera era de mi propiedad.

Bastante tiempo antes, una noche cenando en casa, hablando de fútbol, imagino que en uno de esos momentos en los que me sentía irritada por lo que considero excesiva presencia de este negocio que venden como juego en la vida, y especialmente en la televisión, comenté, sobre la marcha y sin intenciones serias, que algún día crearía un blog al que llamaría No a la invasión del fútbol.

Guillermo me comunicó, en su tono de voz habitual cuando difiere de mi opinión, que me daría lo mismo porque nadie me leería; y tenía razón al decirme que la realidad puede más que yo.

Pero son otros los motivos para el cambio.

En los inicios yo desconocía hacia dónde me conduciría esta aventura; sin embargo tres años son un recorrido suficiente como para que algunos de mis puntos de vista y mis inquietudes hayan cambiado, para que ya no necesite reivindicar nada de manera tan categórica.

No me gusta la invasión del fútbol, pero no odio el fútbol; me caen bien la Vecchia Signora, y el Atlético de Madrid por impredecible, pero si pierden son sólo un dato para archivar en la memoria a corto plazo. Disfruto con los artículos de John Carlin y disfrutaba con los de Zubizarreta, en ambos casos por dos motivos, porque escriben muy bien, y porque sus puntos de vista abarcan más de los noventa minutos de los partidos.

Este deporte tiene demasiados matices como para que los tifosi de cualquier club puedan entenderme, y tampoco lo pretendo. En muchos aspectos, creo que es metáfora o sublimación de cosas importantes. ¿Por qué los equipos grandes tienen tantísimos seguidores en todo el mundo? porque es una forma (casi) segura de romper la rutina de perdedores habituales que todos somos; por eso también, sin que en el fondo me importe, siempre prefiero que el pez chico se dé un festín.

Desde que decidí el cambio de título, pensaba palabras y sus combinaciones, sin que ninguna me convenciera. Por fin una tarde un nombre se abrió paso.

“Caminos”.

Me pareció corto, sugerente, significativo, apropiado, y oportuno para expresar la variedad de contenidos del blog.

Más contenta que unas castañuelas, me disponía a abrir la puerta de casa, cuando otro pensamiento atravesó fugaz como un rayo; llamándolo así, sólo una “s” me separaría del título de otra publicación, de infaustos recuerdos y con muchísimos adeptos, cuyo contenido considero desfasado, proselitista, clasista, machista y pazguato.

Podría seguir añadiendo adjetivos, pero no quiero. No. No podía consentir que quién lo buscara a él encontrara algo mío por una simple similitud en el título.

Dediqué otro rato a buscar sinónimos.

Senderos, según el DRAE, “Camino más estrecho que la vereda, abierto principalmente por el tránsito …”.

Senderos, por los que seguir avanzando.


sábado, 31 de enero de 2015

Música y palabras

El Instituto Italiano de Cultura me había enviado una invitación electrónica para un concierto en el Círculo de Bellas Artes. En el correo sólo figuraban los nombres de los organizadores y el lugar, los artistas, completamente ignotos para mí, y el título, Una historia de mar y de sangre, que desde el inicio me produjo buenas sensaciones.

Llegamos pronto, y tras una hora de espera entretenida en amable conversación, accedimos a la Sala de Columnas donde nos esperaban unas sillas negras de incómoda apariencia, distribuidas a ambos lados de un pasillo central, con las tres primeras filas reservadas, y un piano sobre el escenario.

La cita se inscribía en los actos de conmemoración del septuagésimo aniversario de la liberación de Auschwitz, y estaba organizada por diversas instituciones europeas presentes en España. Representantes en nuestro país de la ONU, de los institutos francés, polaco e italiano, del Centro Sefarad-Israel, y del Instituto Goethe se encargaron de la presentación. Por fortuna, todos sus discursos fueron breves, incluso muy breves.

Después, comenzó el concierto.

Después, Michele Gaziche y Marco Lamberti nos proporcionaron un tiempo de emociones, y el descubrimiento de un cantor que recitaba o de un recitador que cantaba, en italiano, añoranzas de patrias perdidas e historias tristes, con músicas de influencia sefardí en las que el piano y la guitarra acompañaban a un violín que lloraba, gritaba o acariciaba en sintonía con los textos, encrespando el vello de los oyentes o provocando la fuga de alguna lágrima furtiva.

La leche negra del amanecer, se tituló la última canción del recital. Michele Gaziche nos explico que la frase forma parte de un poema cuyo autor, Paul Celan, había nacido en Rumanía, escribía en alemán, y vivía en Francia cuando decidió lanzarse al Sena desde un puente de París.

La leche negra del amanecer. Sugerente. Muy sugerentes la realidad  imposible de esas tres palabras y las evocaciones individuales que cada una de ellas esconde.

Después quise conocer más sobre esa leche que se me había quedado en la memoria. Este es texto de Michele Gaziche.

En la noche bebemos la leche oscura del amanecer
En la noche bebemos la leche oscura del amanecer
En la noche bebemos la leche oscura del amanecer
En la noche bebemos la leche oscura del amanecer

Vivir escribir cicatrizar el odio
Vivir escribir cambiar la lengua cambiar la ciudad
Vivir escribir amar amar amar otra vez
Vivir escribir también si todo alrededor se muere

Vivir escribir nuevos libros para nuevos ojos
Vivir escribir para las orejas aburridas del verdugo
Vivir escribir siento el rumor de las nuevas cadenas
Vivir escribir también si todo alrededor se muere

Yo no he olvidado a mi padre
Yo no he olvidado a mi madre
Yo no he olvidado la nieve
Yo no he olvidado la sangre
Yo no he olvidado
Yo no he olvidado…

Pero el río esta noche es un gran corazón negro
Y me acoge
Y me estrecha
Y apaga mi dolor.

Terminamos la noche en una cervecería, rodeadas de seguidores atléticos y culés. Ante una caña de cerveza, oíamos con indiferencia cómo en función de los goles cambiaban de bando alegrías y penas de manera simétrica.