lunes, 18 de junio de 2012

17 de junio


Cumpleaños.

Un día tan atareado que ni siquiera he leído el periódico; tampoco he hecho los sodokus. Me han regalado un aparato de música.

Y un inesperado abrazo de oso.

martes, 5 de junio de 2012

Eufemismos


Los sueños de la siesta constituían una mezcolanza importante (por la cantidad) de cosas sin sentido; nada extraordinario. La primera palabra del despertar ha sido, justo, el título de esta entrada. Imagino que era consecuencia de la actividad inconsciente o semiconsciente de mi cerebro hasta ese momento.

Según el Diccionario de la RAE, los “eufemismos” son “manifestaciones suaves o decorosas de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”.

Existen hechos difíciles de nombrar y palabras difíciles de pronunciar para cada persona; porque nos parecen difusas, porque nos suenan mal, por sus connotaciones negativas o, simplemente, porque nos son extrañas.

En estos tiempos de crisis políticamente correctos, el abuso de eufemismos permite a los poderosos maquillar y manipular la realidad. Sus palabras serán repetidas hasta la saciedad por los medios de comunicación, hasta quedar asimilados el viejo significado y la nueva forma.

Más allá de su uso público, me parece que hay realidades que todos necesitamos decir de otra manera, al menos en momentos determinados. Llamar “jardín de paz” a los cementerios, como hacen en algunos lugares de Hispanoamérica me parece, más que un eufemismo, una fantástica descripción poética.

Existen otro tipo de eufemismos -que podríamos llamar del contexto-, que se producen sobre todo en la comunicación oral. Por ejemplo, cuando decimos “sí  claro” y, según el tono, querremos significar “sí” o “por supuesto”; o “no deseo discutir” e incluso “no”.

“Hasta siempre”. Bonita expresión, que el contexto suele transformar en el “hasta nunca” que no queremos (o no podemos) pronunciar.